ORA MARÍTIMA (Costas marítimas)

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ORA MARÍTIMA

de Rufus Festus Avienus

Transcripción al idioma español de Antonio García Vargas

AVANCE

Ora marítima (Las costas marítimas), resulta un texto fundamental, pese a estar incompleto, sobre la geografía descriptiva de la Hispania prerromana. Fue escrita en verso en el siglo IV por el poeta latino Rufo Festo Avieno basándose en textos muy antiguos, posiblemente del siglo VI a. C. Obra de gran relevancia, permite conocer la más antigua información de la península ibérica de milenios atrás, de la que se carecía de noticias hasta entonces, obtenida, dicen, de viajes marinos del 530 a. C.

Nos dice Avieno, al comienzo, que utilizó textos de Fileo de Atenas, Hecateo de Mileto, Escílax de Carianda, Helánico de Lesbos, Pausímaco de Samos, Damastes de Sigeo, Bacoris de Rodas, Cleón de Sicilia, Euctemón de Atenas, Heródoto de Turios y Tucídides de Atenas.

Esto nos lleva a pensar que en su origen ésta debió ser una magna obra muy superior en contenidos a la que conocemos y que hoy mostramos aquí en versos castellanos, pero mutilada no sabemos hasta qué extremo. Pese a ello, la obra permitió conocer por vez primera tal cantidad de datos sobre Iberia, al mostrar tantos datos sobre pueblos, costas y accidentes geográficos, ciudades, divinidades, costumbres, luchas y miles de detalles sobre aspectos guerreros y culturales.

Curiosamente, no sólo se centra en la Hispania prerromana sino que, además, ofrece un valioso recorrido por las costas europeas, pasando de la Britannia hasta el Ponto Euximo pese a que nos han llegado sólo fragmentos de esta gran obra.

Este libro ha sido utilizado como fuente de estudio por especialistas tales como Adolf Schulten, que la empleó para teorizar acerca de la posible ubicación de Tartesos.

Como no soy historiador sino poeta, sólo he consultado bibliografías al respecto para tener una idea aproximada de la situación y sobre todo de la motivación de Avieno al recoger la información que proporciona esta obra,  además de sus experiencias personales al respecto, para emprender tan arduo menester que supongo debió requerir varios años de laborioso trabajo dados los escasos medios de aquella época.

No obstante, al saber que el manuscrito original se compuso en versos latinos, he indagado durante años sobre posibles traducciones realizadas a través de los siglos, en un vano intento de encontrar algunas en  idioma español que no estuvieran escritas en prosa. Y digo vano, porque en todo lo encontrado, excepto el original en latín, no he conseguido  localizar ninguna de las traducciones en verso. Precisamente, esto es lo que me decidió a emprender la aventura de llevar a cabo una traslación o transcripción para rescatar en lo posible los contenidos del original en el formato que habían sido escritos, incluso modelando y a veces remodelando en gran medida los versos originales, dentro de una prefijada regla métrica que resaltara la poética de tan complejo texto a ser posible, e incluso ampliara la cadencia de los versos contenidos en el manuscrito de Avieno, más preocupado por la importancia de los datos que por la belleza del verso con que los escribía.

En principio, y en mi deseo de llevar a cabo un trabajo lo más pulcro posible, pensé en trasladarla a hexámetros dactílicos, que ofrece los metros más idóneos para este tipo de narraciones, pero desistí ante la enorme cantidad de nombres de ciudades, personas y cosas que, dada su extrema longitud silábica, no me permitirían mantener decorosamente el enunciado métrico deseado.

Asimismo, descarté algunas ‘vestimentas’ ornamentales por imposibles de llevar a cabo, como el pie trocaico o el yámbico, hasta llegar a la conclusión de que debía ceñirme al contenido —el texto original— y dotarlo de lo fundamental dentro de unos parámetros donde, aunque los pies métricos fijos no tenían cabida a gran escala, sí podía en cambio flexibilizar ciertos aspectos un tanto ásperos y concederles una musicalidad intermedia a través de distintos juegos de palabras que los acercara en lo posible a la poesía y al tiempo me permitiera flexibilizar las expresiones del texto originario para, aun sin aplicar los ritmos que quisiera, poder ampliar o amplificar todos los contenidos. Y para ello, como es natural, nada mejor que dotarlos de poesía. Por tanto, con las ideas más claras, pensé que la construcción más idónea sería la de usar un mínimo de dos ritmos fijos como norma, ampliables mediante yambos cuando fuera posible en cada alejandrino, lo que unido a la cesura obligada entre ambos heptasílabos difuminaría ciertas carencias y permitiría que pudiese incorporar sinónimos más ‘sonoros’ en lugar de ciertas palabras ‘malsonantes’ por su dureza, de las que por necesidad tuvo que usar Avieno y al tiempo, distribuir algunos yambos y troqueos ‘móviles’, es decir no fijos, en los lugares más idóneos y cuando esto fuera posible, para dar corporeidad tanto a las palabras como a la cadencia que se precisaba para que  todo funcionara lo mejor posible de cara al lector sin que el oído se resintiera en caso de tener que escuchar el recitado de los versos.

La libertad de acción que esta decisión me ha concedido ha hecho que la traducción posea, sin salirme del original apenas, doscientos versos más (915 en total)  que el poema original en latín, que tiene 705 versos.

Observará el lector que las páginas pares de este libro están ocupadas por lo que comúnmente se conoce como “Pies o Notas de página”, es decir, las múltiples aclaraciones que se hacen normalmente al texto, y que en este caso tan particular, son de extrema importancia pues los nombres, sitios y demás se citan en el latín de hace milenios y estas “notas” que van incorporadas en las páginas pares, junto al poema en las impares, nos permite enlazar nombres, localizaciones y demás en la lengua actual, siendo por ello de suma importancia tenerlas a mano al tiempo que leemos.

Estas notas, que se han convertido en genéricas pues se encuentran en cualquier lugar que hable de esta obra, las he tomado de diversos sitios pues no requieren trabajo personal por mi parte dada su proliferación. No obstante, me gustaría agradecer a los anónimos que las crearon sean quienes sean, mi agradecimiento pues sin ellas no hubiese sido posible llevar a cabo esta obra ni clarificar algunos  aspectos fundamentales de la misma.

Leyendo a los griegos y retomando algunos pasajes que diversos autores se han encargado de destacar, se encuentran cosas muy curiosas que Avieno también resalta a veces, como cuando dice “hasta el templo de Venus y el Cabo del mismo nombre, el litoral se recoge”. O en este otro caso: “en sus costas se levantaron en otros tiempos numerosas ciudades”. O cuando se nos  dice: “Pasamos junto al solar donde otrora se alzaba Kalkedón la vieja”. Se refiere en estos textos al Cabo de Gata y la bahía de Almería y alrededores, pero…. ¿de qué ciudades habla?

En otros pasajes nos dice: “A la ciudadela de Geronte y al cabo del santuario, como hemos explicado antes, los separa la salada mar por medio”. Es decir, da nuevas descripciones del territorio entre Cabo de Gata y Cartagena y, además, las detalla. Parece ser que echaba mano de otras fuentes anteriores. Avieno nos informa que cerca del cabo del santuario de Cabo de Gata (segundo macizo) desemboca un río caudaloso. Ese río sería el Andaráx en Almería, que poseía un gran caudal documentado en época histórica. Curiosamente, varios autores han caído en la cuenta de la semejanza entre el topónimo Andaráx, en Almería, y el de Mar de Mandarache en la ciudad de Cartagena. Así, el monte de los tartessios, según se deduce, no sería otro que la sierra litoral que avanza desde el cabo de Gata hasta Cartagena y que es visible desde el mar durante todo el recorrido. Se llega a la isla Eritia, al final del monte de los tartesios que corresponde a la isla de Escombreras (que marca la entrada al puerto de Cartagena y consagrada a Melkart/Hércules en época clásica). Se hace mención a las campiñas de Eritia, que serían las tierras del Campo de Cartagena, cuyo color rojo, a causa de la oxidación del abundante hierro que contiene nos recuerda a la palabra eritros, que es rojo en griego y nos hace pensar que Eritia es la “tierra roja”.

En fin, he sacado a colación estos pasajes publicados por distintos autores debido a su cercanía con mi ciudad, Almería, pero los hay también de casi todas las ciudades en mayor o menor medida y eso nos da una idea de la importancia del material que se ha ido perdiendo a lo largo de siglos tanto de la obra que tenemos entre manos como de los textos antiguos en que se basó Avieno.

Habría que repasar una vez más, muy despacio, la “Geografía de Estrabón”, así como los viejos textos de Euctemón, Polibio y otros grandes autores interesados en ir uniendo detalles y recomponiendo nombres y sitios que siguen siendo un misterio pero que están ahí, bajo nuestros pies, esperando que la curiosidad de algunos encuentre estos tesoros de ayer y siempre y los muestre para conocimiento y deleite de todos.

Dejo la Historia para los expertos y sigo con mi labor, que no es otra que la de mostrar en versos lo más aproximados posible a los del original, esta portentosa aventura que, aunque incompleta, nos aproximó por primera vez a nuestras costas y mares cercanos. Y agradezco, por supuesto, el material de tantos y tantos que me precedieron y que me ha permitido recomponer en verso esta historia apasionante.

Libro publicado en diciembre de 2017 en letra impresa y ebook.

LiberLibro A.C., Editorial  –  Antonio García Vargas

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Acerca de Fauno

Me dedico casi exclusivamente a la literatura y sus derivaciones. El antiquísimo mundo clásico griego, su excelsa Poesía y su Mitología, son mi pasión y el entorno del Olympo mi segundo hogar. Allí fui, antes de que los romanos me adoptaran, un dios bastardo, hijo de Zeus y sus amoríos. Me llamaban Pan.
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