TRIBUS URBANAS

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TRIBUS URBANAS
La poesía actual, ¿evoluciona cada día más hacia el timbal? Llevar la poesía a calles, bares, playas y azoteas… ¿no viene a ser como acercar la mecánica íntima del amor —la espiritual, la que enerva el volcancillo interno—, al encristalado escaparate de una exposición del Corte Inglés o al estulto teatrillo-guiñol experimental de Tele Cinco y afines? Cabe, no obstante, el pequeño consuelo de preguntarse ¿es poesía lo que se transmite al manifestar el verso de esta manera o se trata solo de un boletín de noticias y/o acontecimientos expresados en prosa dura cortada a tiras, con mayor o menor… ¿sentimiento?, ¿convencimiento?, ¿mala hostia? En definitiva, no puedo por menos que pensar o suponer que, pese a su supuesta libertad,  esta versología-pastiche no hace sino acomodarse, como tantas otras cosas del entorno canalla (o de la canallería), a ‘eso’ llamado moda coyuntural o estructural, palabro-mitin o palabra escenificada, profusa en ‘tacos’ “mierda-puta-cojones-cabrón y demás leches”. Eso sí, sin participar en dividendos ni corruptelas de guante blanco o negro, lo cual no deja de ser un punto a favor e incluso una manera digna de sembrar la palabra o fumigar el seso propio y ajeno en público. Sólo me resta hacer —sin ánimo de herir a nadie— la pregunta que considero pertinente: ¿Qué manía es esta de llamar a todo poesía? ¿Acierta a entender, el que así cataloga tales ejercicios, por excelentes que sean a veces, las diferencias entre Poesía y Poema? Porque… se pueden crear bellísimas estructuras mediante un poema visual, con sólo la mirada, o pictórico con el pincel, estético mediante el armónico movimiento de los cuerpos e incluso argumental, con la simple prosa, pero… ¿qué tiene que ver todo eso con el Arte y/o Ciencia de la Poesía? , —vuelvo a preguntarme.

Antonio G. Vargas

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AMANECER EN SAN FRANCISCO

San Francisco  Calles Haight & Ashbury Barrio hippie de los 60AMANECER EN SAN FRANCISCO

(2001 Remembranzas...)

San Francisco.
¿Ciudad o sortilegio?
¡Ah, terca densidad de los instintos!
¿Desalación del mar... o lágrima escindida 
del suave neblinar de la bahía? 
                        ¿Tal vez fuese un lamento?
      ¿Quizá fuere la rabia de aquellas caracolas? 
Ella...paseaba sola por el oscuro arcén 
aquella madrugada. 
Rugiente catenaria ensimismada.
                                      Del asfalto, 
subían los leopardos troceándole la espalda 
                             con sus uñas de seda. 
Divisó a lo lejos, 
bajo la enorme luna, la extensa mancha oscura.
El mar azuleaba 
con el blanco lunar de los reflejos 
sobre el agua. 
                               Y se dejó llevar... 
Supo que estaba cerca de antiguas lejanías 
que creía olvidadas.

Ella supo del mar de madrugada, 
cuando la suave ola descalzó 
               en un rapto de furia sus pezones, 
           y se hizo sensación 
                           ... y se dejó poseer.
No logra recordar cómo ocurrió. 
¿Era el dulce vaivén adolescente? 
¿Era la arena rubia de las playas? 
                  ¿Era...?    ¡Era! ¡Sí! 
Era el cuerpo que a gritos revelaba 
             el fuego abrasador de las pasiones. 
Era... la larga noche franciscana. 
Aquel amanecer casi, en una edad 
de cándidos colores.
                                   Remembranzas... 

Bajó a la roca, virgen, mentalmente. 
Bajó a sus infiernos.
            Bajó su braga lenta... 
                         lentamente...
                                            muy...

Se recostó muy cerca. Tomó la suave arena.
Modeló la imagen neutra de 'ese' macho. 
    Sintió la carantoña de las olas deletreando 
                     un do re mi en sus pezones,
                            los pechos ateridos,
un noséqué, que arisco, 
                 se enroscaba en sus cartílagos... 
el singular poema arrítmico de un dedo, 
                                      culebrina... 
las orgásmicas notas proclamando 
las músicas fugaces de lo ignoto,
un oscuro mundo sin arpegios 
            ni peces de colores...
            o esa brisa...
            ligeramente ambigua,   ¡ay!...
abrió sus piernas sabia...
                       sabiamente...

                           ... ¡y se dejó comer!

Septiembre, 2001 - Antonio García Vargas
—San Francisco State, California— 
(Sentado. Solo conmigo, mas muy bien acompañado,
junto a montañas de ropa vintage y de segunda mano, 
tatoos de caramelo y encanto a raudales... 
bajo la bruma matinal de un día cualquiera, 
camuflado en la niebla... tan temprano)
—Foto, calles Haight & Ashbury, Barrio hippie de los 60—
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LA ‘OTRA’ REENCARNACIÓN (Sinécdoque pineal de un verso arrebatado)

Un cuento de A. García Vargas

Y de pronto, pareció como si el camino se estrechara y noté que todo se hacía sombra mórfica. Miré en derredor y me pareció ver que los árboles se movían a paso imperceptible, como de puntillas, ¿andaban?, algo así como si se deslizaran en un runrún parecido al lenguaje membranoso de las malvas.

Debía seguir andando —me dije— y no mirar atrás. Al dar el siguiente paso, una vez vestido de acuarelas, sentí que empezaba a entender los signos móviles y al momento aprecié las mil sinécdoques métricopoéticas de un verso arrebatado.

Observé que a lo lejos algo había cambiado; miré de nuevo pero esta vez con el ojo interno y de soslayo, para esquivar interferentes números de extrañeza. Vi entonces,  asombrado, que el sendero se había runificado haciendo visibles las partículas y dejando ver las ondas.

Supe, intuí más bien, que había llegado al avellano cuya memoria contiene todo lo creado, que se había realizado la metamorfosis; que había reencarnado en una forma bheu o en una porción de gnasci psíquica limpia. ¡Al fin!

Gravité en silencio y me dirigí contento a las lumínicas figuras que danzaban en el claro emocional del  bosque. Me hice onda gravitacional arpégica y dije en lengua óndina a la asociación de formas que componían con runas de luz el gens celeste del poema psíquico: “Hola, hermanos, soy un balbus oxidativo de la dimensión bestiaria; un nuevo agregado. Mi nombre es… Anthony”.

1DescomposicionAlmería, Andalucía, España, 2002

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INFINITESIMAL

 

2004-Antonio García Vargas

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BUSCANDO LA PRIMERA SÍLABA DEL VERSO PRIMIGENIO

Y aquí me encuentro a solas, disfrutando del eco y los espacios, deslizando entre tropos mil destinos venideros posibles o pasados. Fundido en las imágenes que gritan desde adentro mis nombres, en cientos de maneras de nombrarlo…

Y me llegan imágenes de gestas. Y creativas visiones del pasado que acercan el origen de las cosas, me toman de la mano, me sacuden, desatomizan todo mi esqueleto, mi carne, mi cerebro y me nombran molécula divina…

Entonces, ya ectoplasma, participo del fondo de las Cosas y me instalo en el Verso universal de la existencia. Cierro los ojos. Veo. Soy la primera sílaba de un mundo por mí imaginado. Participo del pie métrico primero. Me reconstruyo entero. Ya soy fotón, neutrino, rayos gamma; la onda epidural que participa del ritmo del soneto y lo hace danza…

Me acomodo en mi nube creativa, extraigo de la Nada pinceladas de formas y de fórmulas poéticas, coloco el caballete entre dos soles primerizos y pienso en un planeta azul caricia. Y me llega el efluvio de una mágica visión que el alma altera haciéndome retazo y amalgama, constante singular y acontecer del Todo y de la Nada…

Ya soy el blanco y negro universal. Me sé al fin balada primigegenia; apócope del ritmo del lexema. Y me siento rapsoda del silencio. De puntillas me canto. Y…

Del dúo calor y frío brotó la madre Gea. Después, de la garganta flotante de los pájaros nació el primer fonema y la palabra Amor. Y de esa comunión… ¡surgió el poema!

Y aquí, mil milenios después, el poeta,  como loco, en automático, buscando entre las runas heredadas la sal de aquellos tiempos, removiendo en las brasas de su prosa edulcorada, anhelando la sílaba candente a través de la metáfora deshilvanada; buscando entre pavesas blanco y negro con que conforma el color de sus versos, un mínimo contacto que le eleve del fado que cantaran sus ancestros; que le lleve al Olimpo milagrero que legaron aquellos locos griegos…

De pronto, ¡ay! De pronto, me despierto…

2016-Antonio García Vargas

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AVES DE PASO

  • AVES DE PASO
  • Desplegarme, ser pájaro de aire, vuelo exacto…
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CÁBALA DEL GRITO Y DE LA LÁGRIMA

  • Giré mi ojo derecho hacia la izquierda y me encontré un equívoco…

 

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ESPAÑA EN AMÉRICA: CARA Y CRUZ DE UNA CONQUISTA

Batalla de Otumba

ESPAÑA EN AMÉRICA: CARA Y CRUZ DE UNA CONQUISTA
INTRODUCCIÓN
Ruge furioso el volcán de la Vida eruptando en la Historia
sin importarle si el magma es benigno o terrible desgracia.
No se sabía América aún. No se sabía mágica. Ella accedió al canto por un conjuro tántrico. Y era voz de marisma, de las mordientes olas en la playas y de los roquedales, de las aves marinas y terrestres, de las plantas, los peces, las sabinas y de la costa, el cielo y los metales que aun desconocidos aguardaban a los conquistadores.
Con el sauce trenzado fue la rienda con que ungió Hernán Cortés cabalgaduras y azotó el yermo suelo de sus patrias haciéndolo intransitable para después, una vez atrapado por la magia del continente, hacerlo habitable.
En el carrizo líquido de la orilla de un mar inhabitado, su látigo de perlas restalló en la molécula de tierra y surgió la primera catarata, después se hizo relámpago y fue trueno y cascada y arco iris. Todo ello fue.
El hombre en su ceguera la encerró entre moles de piedra y frío acero mas ella se escapó. Quiso ser agua. Agua, sólo agua. Sólo.
Como caído del cielo llegó el español a Las Indias.
Revelaciones y asombro mezclados llegaban a Europa,
descubrimientos y crónicas varias, veraces o falsas,
fueron creando sutil controversia en verdad reflexiva.
Conquistadores y frailes y sabios, también humanistas,
fueron forjando la imagen de la realidad que palpaban,
tanto la física como la humana en aquel continente.
 
Eran tiempos terribles cuando las carabelas, con las velas rasgadas y cubiertas de mugre, avistaron tus aguas.
Los cuerpos sudorosos y enfermizos de aquellos marineros, se encontraron de pronto con los ojos de aquellos aborígenes, la sorpresa en el gesto, haciéndose presentes las antiguas leyendas; las viejas profecías.
Se produjo el abrazo y también los recelos, comenzaba la historia que haría cambiar el mundo entonces conocido.
Permíteme, América, que me salte el guión y recuerde los actos que fueron jalonando los hechos y sucesos de una historia extraordinaria.
 
Quisiera con mis letras, en formato poético cuando la narración lo haga posible, restañar las heridas producidas e intentar situar lo acontecido entonces, en su justa medida.
 
Recordaré mi paso, el paso de mis gentes, por las tierras de la actual Norteamérica; el paso de aquellos que me precedieron. Junto al afán de lucro, persiguiendo riquezas, relataré los méritos que hasta ahora nos niegan. Hubo sangre y lágrimas pero también algo más. Y ese algo más es lo que quiero mostrar en mi texto para intentar situar cada cosa donde le corresponde.
 
Cuando exprese los daños producidos, lo haré siempre en palabras de los damnificados para ponerle voz al propio sufrimiento, como este poema que aquí expongo, del año 1524, relato anónimo cantado por alguno de los pocos cuicapicque o poetas nahuas sobrevivientes tras el sitio de Tenochtitlan. Se expresaba así:
“En los caminos yacen dardos rotos,
los cabellos están esparcidos.
Destechadas están las casas,
enrojecidos tienen sus muros.
Gusanos pululan por calles y plazas,
y en las paredes están salpicados los sesos.
Rojas están las aguas, están como teñidas,
y cuando las bebimos,
es como si bebiéramos agua de salitre.
Golpeábamos, en tanto los muros de adobe,
y era nuestra herencia una red de agujeros.
Con los escudos fue su resguardo,
pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad…”
O estos otros versos del 1523:
Llorad, amigos míos,
tened entendido que con estos hechos
hemos perdido la nación mexicatl.
¡EI agua se ha acedado, se acedó la comida!
Esto es lo que ha hecho el Dador de la Vida en Tlatelolco. . .
¿Cómo nos veían en nuestra llegada? ¿Cómo veían a los caballos?
Vienen los “ciervos” que traen en sus lomos a los hombres.
Con sus cotas de algodón, con sus escudos de cuero,
con sus lanzas de hierro.
Sus espadas, penden del cuello de sus “ciervos”.
Cantares mexicanos (Biblioteca Nacional de México)
 
Transcripción de un icnocuícatl, cantares tristes, verdaderas elegías, obra de los cuicapicque o poetas nahuas postcortesianos.
Proviene de la colección de “Cantares Mexicanos” y probablemente fue compuesto hacia el año de 1523. En él se recuerda con tristeza la forma como se perdió para siempre el pueblo mexica.
Con los escudos fue su resguardo, pero ni con escudos
puede ser sostenida su soledad.
Hemos comido palos de colorín,
hemos masticado grama salitrosa,
piedras de adobe, lagartijas,
ratones, tierra en polvo, gusanos . . .
Comimos la carne apenas, sobre el fuego estaba puesta.
Cuando estaba cocida la carne, de allí la arrebataban,
en el fuego mismo, la comían.
Se nos puso precio. Precio del joven, del sacerdote,
del niño y de la doncella.
Basta: de un pobre era el precio sólo dos puñados de maíz,
sólo diez tortas de mosco; sólo era nuestro precio
veinte tortas de grama salitrosa.
Oro, jades, mantas ricas, plumajes de quetzal,
todo eso que es precioso, en nada fue estimado . . .
 
Transcribo primero, antes de salir de México, y dada su importancia para comprender lo que sintió el indígena ante la amenazante llegada de los españoles, el texto de los informantes de Sahagún, de acuerdo con el Códice Florentino y a continuación el testimonio del autor de la Historia de Tlaxcala.
 
Primer presagio funesto:
Diez años antes de venir los españoles primeramente se mostró un funesto presagio en el cielo. Una como espiga de fuego, una como llama de fuego, una como aurora: se mostraba como si estuviera goteando, como si estuviera punzando en el cielo.
Ancha de asiento, angosta de vértice. Bien al medio del cielo, bien al centro del cielo llegaba, bien al cielo estaba alcanzando.
Y de este modo se veía: allá en el oriente se mostraba: de este modo llegaba a la medianoche. Se manifestaba: estaba aún en el amanecer; hasta entonces la hacía desaparecer el Sol.
Y en el tiempo en que estaba apareciendo: por un año venia a mostrarse. Comenzó en el año 12 Casa.
Pues cuando se mostraba había alboroto general:
se daban palmadas en los labios las gentes;
había un gran azoro;
hacían interminables comentarios.
 
Segundo presagio funesto:
Que sucedió aquí en México: por su propia cuenta se abrasó en llamas, se prendió en fuego: nadie tal vez le puso fuego, sino por su espontánea acción ardió la casa de Huitzilopochtli. Se llamaba su sitio divino, el sitio denominado ” Tlacateccan” (“Casa de mando”).
Se mostró: ya arden las columnas. De adentro salen acá las llamas de fuego, las lenguas de fuego, las llamaradas de fuego. Rápidamente en extremo acabó el fuego todo el maderamen de la casa.
Al momento hubo vocerío estruendoso; dicen:
“¡Mexicanos, venid de prisa: se apagará!
¡Traed vuestros cántaros!…”
Pero cuando le echaban agua,
cuando intentaban apagarla,
sólo se enardecía flameando más.
No pudo apagarse: del todo ardió.
 
Tercer presagio funesto:
Fue herido por un rayo un templo.
Sólo de paja era: en donde se llama “Tzummulco”.15
El templo de Xiuhtecuhtli. No 15 Tzummulco o Tzomolco:
en el cabello mullido”,
era uno de los edificios del templo mayor de Tenochtitlán.
llovía recio, solo lloviznaba levemente.
Así, se tuvo por presagio; decían de este modo:
“No más fue golpe de Sol.”
Tampoco se oyó el trueno.
 
Cuarto presagio funesto:
Cuando había aún Sol, cayó un fuego.
En tres partes dividido: salió de donde el Sol se mete:
iba derecho viendo a donde sale el Sol:
como si fuera brasa, iba cayendo en lluvia de chispas.
Larga se tendió su cauda; lejos llegó su cola.
Y cuando visto fue, hubo gran alboroto:
como si estuvieran tocando cascabeles.
 
Quinto presagio funesto:
Hirvió el agua: el viento la hizo alborotarse hirviendo.
Como si hirviera en furia, como si en pedazos se rompiera al revolverse.
Fue su impulso muy lejos, se levanto muy alto.
Llegó a los fundamentos de las casas:
y derruidas las casas, se anegaron en agua.
Eso fue en la laguna que está junto a nosotros.
 
Sexto presagio funesto:
Muchas veces se oía: una mujer lloraba;
iba gritando por la noche;
andaba dando grandes gritos:
–¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!
Y a veces decía:
–Hijitos míos, ¿a dónde os llevaré?
 
Séptimo presagio funesto:
Muchas veces se atrapaba, se cogía algo en redes.
Los que trabajaban en el agua cogieron cierto pájaro ceniciento como si fuera grulla. Luego lo llevaron a mostrar a Motecuhzoma, en la Casa de lo Negro (casa de estudio mágico) .
Había llegado el Sol a su apogeo: era el medio día. Había uno como espejo en la cabeza del pájaro como rodaja de huso, en espiral y en rejuego: era como si estuviera perforado en su medianía.
Allí se veía el cielo: las estrellas, el Mastelejo. Y Motecuhzoma lo tuvo a muy mal presagio, cuando vio las estrellas y el Mastelejo Pero cuando vio por segunda vez la cabeza del pájaro, nuevamente vio allá en lontananza; como si algunas personas vinieran de prisa; bien estiradas; dando empellones. Se hacían la guerra unos a otros y los traían a cuestas unos como venados.
Al momento llamó a sus magos, a sus sabios. Les dijo:
–¿No sabéis: qué es lo que he visto? ¡Unas como personas que están en pie y agitándose!…
Pero ellos, queriendo dar la respuesta, se pusieron a ver: desapareció (todo): nada vieron.
16 El texto parece preferirse a Cihuacóatl que gritaba y lloraba por la noche. Es éste uno de los antecedentes de la célebre “llorona”.
 
Octavo presagio funesto:
Muchas veces se mostraban a la gente hombres deformes,
personas monstruosas. De dos cabezas pero un solo cuerpo.
Las llevaban a la Casa de lo Negro;
se las mostraban a Motecuhzoma.
Cuando las había visto luego desaparecían.
 
Extraordinarios documentos procedentes del Códice Florentino gran parte de ellos. Mas, como dije, quiero hacer hincapié en lo no conocido u olvidado, en los más de trescientos años de permanencia en lo que hoy son los Estados Unidos de Norteamérica.
 
Antes que los colonos anglosajones emprendieran la histórica conquista del Oeste, nosotros ya habíamos estado allí.
 
El setenta por ciento de todo el territorio, desde Florida al Río Grande y hasta las costas de Alaska, fue dominio español.
 
Nosotros describimos por primera vez las cataratas del Iguazú y exploramos el curso del río Paraguay.
 
Lo que hoy conocemos como estados de Nuevo México y Texas fue colonizado por Juan de Oñate.
 
Fue Vicente Zaldívar el que encontró el camino más directo al Paso del Norte desde Santa Bárbara.
 
Fueron los españoles quienes lucharon, se mezclaron antes que ningún otro europeo, murieron y/o gozaron con y de los pueblos indios: apaches, sioux, cheyennes, comanches, y demás tribus que habitaban las praderas norteamericanas.
 
Cabría preguntarse por qué no se ha sabido mantener la historia o por qué no se reivindica. ¿Cómo es posible que tantas hazañas hayan quedado en el olvido?
 
¿Cómo se puede haber borrado la huella dejada a lo largo de más de 300 años? Es necesario reescribir la historia de la presencia de España en la actual América del Norte.
 
La huella anglosajona ha estado muy presente, con su menosprecio a la cultura española, a la hora de mostrar la presencia y hechos de España en aquellas fechas. En cambio, se ha magnificado en exceso la presencia y cultura francesa cuando, comparativamente, fue muy inferior en todos los aspectos.
 
No obstante, ahí quedan la ingente cantidad de nombres y topónimos españoles repartidos por todos sitios desde México hasta Alaska, mostrando el sueño de aquellos hombres, que terminó con la cesión de La Florida a Estados Unidos, el 10 de julio de 1821.
 
Se dice y se muestra en los relatos históricos, que Francia proporcionó una extraordinaria ayuda en la guerra de independencia americana, pero se omite la ayuda prestada por España en todos los órdenes, incluido el material, cuando la realidad es que aportamos tanto dinero o más que los franceses. Lo más increíble es que hasta los españoles desconocen estos hechos, en general. Se ha ocultado, tanto al americano medio como a los propios españoles. Sólo un sector muy reducido han tenido y tienen acceso a la verdadera historia.
 
Aquellos días en que se buscaban nuevas tierras y riquezas. En el año 1513, buscando la Tierra de Bimini, se llegó a unas tierras que Ponce bautizó con el nombre de “Tierra de la Pascua Florida” y se desembarcó en las playas de lo que hoy es Cabo Cañaveral. Precisamente en ese viaje, los marinos españoles descubrieron y describieron las corrientes del Golfo.
 
En 1526, un siglo antes de la llegada de los padres peregrinos del Mayflower, Vázquez de Ayllón estableció el primer asiento europeo en la actual costa norteamericana, en el enclave llamado San Miguel de Guadalupe.
 
Francisco de Garay, partió del Golfo de México hacia el Noroeste y descubrió el delta del Mississippi, remontando su cauce hasta el río Grande y dando a aquellos territorios el nombre de “Tierras de Amichel”.
 
Esteban Gómez, atravesó el océano hasta llegar a lo que hoy es Nueva York. Llamó al río Hudson río de San Antonio y sus cuadernos de bitácora permitieron la elaboración del mapamundi de Diego Ribera en 1529. Los progresos marítimos y científicos eran constantes, la construcción de nuevas vías para atravesar los páramos y nuevas poblaciones. Durante más de 300 años, descubridores al servicio de España realizaron misiones de gran valor desde los límites de México hasta la frontera canadiense y Alaska. No obstante, la historia sólo muestra carnicerías y abusos, que los hubo, pero que no representaban sino una pequeña parte de la obra de España en aquellas tierras.
 
¿Por qué no se conocen hechos tales como que los españoles fueron los primeros europeos que avistaron el Cañón del Colorado, cruzaron el río Mississippi, atravesaron las extensas llanuras de Arkansas, se internaron en los desiertos de Nevada o fundaron ciudades como Los Ángeles, San Francisco, Santa Fe, etc.
 
El Camino Real de Tierra Adentro (The Old SpanishTrail, actualmente Patrimonio de la Humanidad), que aún perdura y está perfectamente acondicionado, con sus casi 3.000 kilómetros desde México a Texas y más allá, así como los miles de topónimos e incluso banderas, nombres y realizaciones españolas de entonces que aún perduran, es signo indeleble de la presencia tricentenaria de España en tierras norteamericanas más allá de México. Eran tiempos duros, bárbaros diría, donde la conquista y apropiación de bienes ajenos por medio de guerras era moneda de cambio practicada casi por todos y quizás son difíciles de entender desde la actualidad. España no fue ni mejor ni peor que los demás pero nos ha legado una extraordinaria memoria (oculta por la mayoría anglosajona y nuestra desidia) que hay que destapar o rescatar pues en ella se plantó el germen de esa todavía joven nación a la que llamamos “Estados Unidos de América”. Y esa memoria, ¡nuestra memoria!, ya va siendo hora de que sea reconocida en un país en el que hay más millones de hablantes del idioma español que en la propia España actual.
 
Puede que en principio, cuando se inicio la conquista, predominara el deseo de encontrar riquezas a toda costa, pero después se mezclaron con la población de tal manera que se transformó por completo su relación con aquellas nuevas tierras, sintiéndose parte de las mismas y aportando cultura, ciencia y mucho amor que hasta el presente jamás ha sido reconocido.
 
Cuando vemos las películas del Oeste, no sabemos que aquellas tierras habían sido españolas; que ellos, andaluces y extremeños sobre todo, habían combatido y dialogado y fumado la pipa de la paz con las tribus indias; que esos vaqueros de las películas vestían las ropas de vaquerizos andaluces y que ese Far West que visionamos fue creado estéticamente por los españoles, desde el sombrero de ala ancha hasta las espuelas y la manera de montar a caballo.
 
Está claro que la Historia la escriben los vencedores y aunque nadie logró vencer a España, salvo en pequeñas escaramuzas, nuestro empacho de éxito nos jugó una mala pasada. España perdió la partida por cansancio, supongo, aunque la distorsión sistemática de los hechos históricos nos presenta como los malos de la película y nuestra Leyenda Negra nos ha perseguido desde entonces sin que hagamos lo más mínimo para recomponer las cosas y situarlas en su justo término pues, de no haber sido por la extraordinaria ayuda de España al incipiente estado estadounidense, puede que estuvieran aún bajo el dominio inglés o cualquier otro, incluido rusos, a los que España hizo abandonar California, a la que le tenían echado el ojo con no muy buenas intenciones.
 
Cualquier país envidiaría la historia de España en aquellas fechas tan esenciales para el futuro país. Y cualquiera que hubiese tenido tal cupo de héroes ‘de verdad’ haría centenares de películas glorificando tales gestas. ¿Qué hubiesen contado los demás países, por poner un ejemplo, de la increíble hazaña llevada a cabo, al conquistar el ‘invencible’ poblado de Acoma?
 
Acabo ya este pequeño repaso, del que omito centenares de acciones grandiosas por no cansar al lector, recordando que ninguna de las naciones americanas actuales consiguió su independencia por la fuerza, ni siquiera México. España jamás fue vencida pese a tener enfrente a casi todos, ingleses, franceses, holandeses, etc. Nadie la echó de América sino que se fue yendo, paso a paso, cediendo todo cuanto había creado allá. Las bases en que se apoyan los estados americanos, incluido Estados Unidos, fueron creadas por los españoles (hasta el nombre de Texas, significa “Bienvenidos” en el antiguo idioma de sus moradores de entonces); sus pilares se alzaron con manos españolas, y lo fueron durante un espacio de tiempo, 300 años, que es superior incluso a la edad actual como nación independiente de los propios Estados Unidos.
 
Creo que va siendo hora de que se honre a España como merece; que se rescate la verdadera historia de aquellos 300 años aportando a América del Norte, y muchos más años a las Américas Central y del Sur, todo su saber en positivo, quizá para paliar lo que en principio fue netamente negativo.
 
Solicito desde estas letras que sea, de una vez, reconocida desde el respeto, su labor civilizadora y recordada como debe ser: ¡con justicia universal!
 
Antonio García Vargas
En Almería, España, a 12 de octubre de 2015
 
Bibliografía consultada para el total (no expuesto aquí) de esta obra:
Códice Florentino / Historia de Tlaxcala.
 
Cantares Mexicanos (Biblioteca Nacional de México.)
 
Visión de los vencidos”, de Miguel León Portilla, DGSCA, Coordinación de Publicaciones Digitales (Universidad Nacional Autónoma de México)
 
Fundamentalmente debo agradecer a:
“Banderas lejanas”; de Fernando Martínez Laínez y Carlos Canales Torres.
Libro que recomiendo encarecidamente por su gran contenido y singular estética.
Publicado por Editorial EDAF, con ISBN-978-84-414-2119-6.
Agradezco los estudios realizados por ambos autores y que me han ayudado enormemente a la hora de escribir este artículo.
 
Mi agradecimiento a todas las instituciones citadas por facilitar los datos solicitados.
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LLANTO AMARGO DE UN POETA

Bécquer fue siempre el ‘niño de mis ojos’. Sus versos fueron mi primera guía, la ternura impresa en ellos eran rocío para mis sentidos y a muy tierna edad, su manera de decir me hizo sentir el deseo de ser algún día poeta. Supe después que había un nexo entre nosotros que iba más allá de la poesía pero esa es otra historia que tal vez cuente algún día.

Pasado el tiempo, cayó en mis manos casualmente su “Introducción sinfónica al libro de los gorriones” y fue tal el desgarro que produjo en mí su lectura, su grito, el lacerante dolor interno que sentía el joven poeta al notar que la muerte le rondaba a sus apenas treinta años de edad, que prometí trasladar algún día esa explosión de dolor, que él describió en prosa, a un metro digno de albergar el impresionante sufrimiento de tan insigne poeta.

Hubo de pasar el tiempo, mucho tiempo, para hacer posible mi deseo. Compuse de mil formas los versos más nunca quedé satisfecho de ellos. Al fin, hace unos años, retirado ya de mis obligaciones materiales, encontré el modelo idóneo en la milenaria percha métrica del hexámetro. Y fue ahí, paso a paso, que fui ‘colgando’, sin prisas pero con escasas pausas, la angustia del joven poeta mediante versos construidos en pies dactílicos, tratando de reflejar en ellos el amargo llanto interno del poeta.

Nunca lo he publicado porque pienso que aún no se adapta del todo a lo que creo que debo hacer, pero mientras me decido o no, expondré algunas estrofas de este epilio o poema que ronda los 150 versos en hexámetros dactílicos y al que puse de nombre —en principio— “Llanto amargo de un poeta”.

  • LLANTO AMARGO DE UN POETA
  • (Fragmento)
  • Entre recónditos átomos, dentro del propio cerebro,
  • cual pequeñísimos entes desnudos allá amalgamados,
  • danzan, pululan, retozan inquietos, sin tregua, los hijos
  • desordenados de mi fantasía esperando que el Arte
  • los engalane y conceda el fulgor de la excelsa palabra
  • para poder penetrar con acierto en la escena del mundo.
  • Siempre incansable, fecunda y prolífica, cual miserable
  • lecho de amor, aparece mi musa, el cerebro concibe
  • partos extraños que bullen de vida en creaciones diversas,
  • siento que toda mi vida será insuficiente, que nunca,
  • aunque viviera por siempre, podré moldear su belleza.
  • Dentro de mí, prisioneros, deformes, cautivos, conforman
  • la indescriptible y total confusión en que se hallan inmersos,
  • siento agitarse la oscura presencia de un bucle infinito,
  • es semejante a miríadas de gérmenes, hierven o mutan
  • estremecidos en gótica, eterna y constante batalla
  • dentro del eje central de la tierra, en mi entraña, sin fuerza
  • para salir y buscar un espacio exterior, convertirse
  • en luminarias buscando en el beso de un rayo de sol
  • ser florecillas, o música, puede que un canto al amor.
  • Vienen conmigo, forzados a ser de por vida cautivos
  • y condenados sin más a soñar, marchitándose en vida
  • sin que perdure de ellos un mínimo rastro o destello,
  • tal como quedan los sueños que son la verdad de la noche
  • y al despertar la mañana el recuerdo se borra, se aleja.
  • Ante la idea terrible de ser solamente un proyecto,
  • algo profundo subleva el instinto de lucha, de  vida,
  • en formidable y a la vez silencioso tumulto, se agitan,
  • buscan salir a la luz en tropel, dispersar su mensaje
  • para escapar de la mísera y negra tiniebla en que moran.
  • Mas en el mundo de formas e ideas existen abismos
  • donde los puentes se trazan tan solo mediante palabras,
  • ¡ay, la palabra, tan tímida a veces y asaz perezosa,
  • que a secundar el esfuerzo de hallar un camino se niega!
  • Poema-Homenaje de Antonio García Vargas
  • dedicado a Gustavo Adolfo Dominguez Bastida de Bécquer y Vargas (Gustavo Adolfo Bécquer)
  • Basado en la introducción del manuscrito de las Rimas “El Libro de los Gorriones”. Se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid
  • .Becquer
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VERSIFICACIÓN Y POÉTICA O MÉTRICA COMPARADA (a quien le pueda interesar)

Cartas

Es precisamente en la imitación, traslación o adecuación de formas métricas extrañas donde la poesía encuentra las más importantes fuentes. El intercambio de formas métricas es beneficioso. La naturaleza de cada lengua orienta la función de su poética. Toda lengua, al adoptar otros sistemas, crece en estructuras métricas y líricas.

Si una lengua se deja contaminar por otras, árabe, india, persa, o malaya, alcanzará esquemas multiformales y originales. La mezcla de sistemas es siempre beneficiosa y aporta nuevos formatos y voces. Tomar de aquí y de allá formas y formatos; no limitarse al entorno cultural propio o sistema literario cerrado en sistema de versificación y contenidos. Comparar es necesario para entender la estética de autor y época y comprender historias y causas o motivos que originaron tales versificaciones. La literatura comparada enriquece, sin duda.

Aunque, no se debe perder de vista que la comparación no debe quedar ahí sino que hay que contrastar, ver divergencias y convergencias, sacar conclusiones y encontrar caminos a través del estudio y el conocimiento adquirido al establecer comparaciones en positivo.

Las poesías arcaicas, pese a la creencia de que no aportan gran cosa al carecer de técnica o ciencia propiamente dichas, así como las de nuevo cuño, o sea, las de menos de 3.000 años, desde mi óptica y como investigador de tales estructuras poéticas (ya que no métricas la mayoría), me han ayudado casi tanto como ayudaron a los griegos (los primeros que establecieron una Ciencia propiamente dicha), hace más de tres mil años, a encontrar claves ocultas realmente singulares. Textos indúes de hace más de 3.500 años, me han hecho ver en el Sloka (su maravilloso verso de 32 sílabas, aparentemente amétrico) puntos de encuentro esenciales con el verso octosílabo, nuestro verso nacional por excelencia, pese a que en principio nada hace suponer equivalencias, ni siquiera convergencias, entre los Vedas y nuestro enclenque verso tradicional de sólo 8 sílabas.

La ciencia poética, cuanto más se profundiza en ella —y se contrasta con lo arcaico—,  (poesía, egipcia, hebrea, persa, etc.), tanto más mundos maravillosos nos va mostrando a los que poseen la cualidad de saber verlos. Creer que la poesía está al final del camino es grave error: diría, sin temor a equivocarme, que apenas si estamos al principio de algo que nos desborda.

Un saludo.

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